El día es gris perla
y me entretengo
cucaracheando de esquina a esquina.
Veo rincones
de olvidadas escenas de muertos:
…..Demetrio hace la cama.
(aunque ya empieza a escupir sangre)
…..Laureano se peina los pelos.
(los que le quedan)
…..Juliana pinta los cardenales
de colores
vivos.
Amarillo
rojo
verde
negro…
El mundo es imperfecto. A pesar del éxtasis científico y la sociedad racional, nos vemos cada día frente a muchos sucesos que distan de ser lógicos o comprensibles. Comencemos por algo que me parece bastante curioso. El sueño. Los sueños. No logro comprender qué rayos ocurre por nuestra cabeza para que por las noches mientras descansamos la cabeza se nos llene de unos pensamientos bien extraños que nos llevan a volar, a matar, a morir y a mil cosas más. Y los “expertos”, los médicos o quienes intenten explicar esto no dicen nada convincente para hacérmelo racional. De hecho cada vez me parece más mágico:
“Sistemas avanzados de scanners, han detactado que en numerosas ocasiones los sueños son bucles de actividad cerebral que se repiten noche tras noche, y que se repiten en cada paciente, por lo que podríamos decir, que cada sujeto tiene una forma única e irrepetible de soñar, ya que la actividad cerebral representada por ondas electromagnéticas en las pantallas de esos scanners representan gráficas muy similares en cada paciente, y distintas entre dos de ellos. Todos estos avances no han servido para determinar qué es lo que se sueña, y qué interpretación puede llevarse a cabo a raíz de esa gráfica.” (Wikipedia dixit)
Lo llaman “la energía del sueño”. Así ya tenemos el iris de los ojos, la huella dáctilar y nuestra enegía del sueño. Fascinante. El 99% de genes son los mismos entre humanos y chimpancés y sin embargo… tan diferentes sujetos. A mí me da por pensar que hay algo más aparte de ese 1%. Quizá los científicos tengan que mirar hacia algún lado más “emocional” o “espiritual” o no “racional” para seguir avanzando por los caminos de la ciencia…

A veces me da la sensación de que estamos bastante solos y lo que es peor, que con el tiempo nos aislamos más. Nuestro entorno de amigos, nuestras rutinas, los intereses que nos unen son a veces unos vínculos tan fuertes que nos olvidamos de que el resto del mundo es bastante diferente (y bastante igual, quizá otro día entre en esto) de nosotros.
No puedo entender a muchos tipos de personas… estoy acostumbrado a manejar ciertos razonamientos más o menos lógicos, o por lo menos desarrollados dentro de una cierta manera de sentido común que a mí (y a veces me parece que sólo a mi) me parece lo normal. No entiendo a la gente que regala a su pareja para su aniversario 100 dólares acompañados de la frase –Cómprate con esto lo que quieras– . No entiendo a la gente que no permite a “sus” trabajadores tomar un café (tener 15 minutos de descanso) en una jornada laboral de 8 horas. (Ok, ok son dos ejemplos muy concretos y puede que resulten muy pequeños pero… ¿no son suficientes? ¿tenemos que recurrir a las grandes injusticias para hablar de la miseria humana?…) Lo extraño es que es gente que se parece a mi… Lo entiendo de gente muy alejada… con mucho dinero, o con una situación personal muy concreta… Pero de gente que se me parece… ¿Todos podemos ser así en algún momento?… No sé… he empezado muy raro en este blog… ya veremos.
La foto no es mía es de un amigo.
Tanta gente y tanta gente y poca opción. Tanta idea de que tenemos que ser alguien en la vida cuando hay 6.000 millones de alguienes enfrente de nosotros. La presión social (y económica) por tener éxito es bastante asfixiante. Tiempo y dinero intercambiables (aunque siempre en calidades diferentes). En algunas ocasiones te cruzas con gente que no pertenece a tu círculo de amistades elegidas. El repartidor de periódicos, el obrero de la construcción, la mercera de la esquina, tu tía la de lejos… y te das cuenta de que el sistema funciona. Tanto para mí como para otros, pero no en una búsqueda del bien general sino en un deseo de mantener el asiento caliente. El mío y el de los míos. Para ese calorcito, miles (millones) de zombis deambulan dormidos por los transportes públicos, pagando hipotecas, hablando del peinado de la famosa de turno, de cómo la del tercero se acuesta con otro, de cómo está el mundo y de qué penita los niños negros y cómo puede ser posible lo de Guantánamo. Bueno, el fin de semana iremos de manifestación y limpiaremos nuestras conciencias (o mejor apadrinaremos un niño –o mejor me hago socio de una ONG–).
No, no me hagan sentir culpable de la situación mundial. Mi granito de arena es una farsa contra sus montañas de basura. El reciclaje de nuestras casas da risa frente a la contaminación de cualquier señor con maletín y puro. No soy culpable por echar el plástico en el sitio de lo orgánico. Soy culpable, somos culpables de no haber conseguido una responsabilidad política, social o humana en nuestros dirigentes. Somos culpables de que la publicidad sea la primera arma de poder, y de el ansía de poder del hombre. El afán, el afán… pero ahora parece ya demasiado tarde… El mundo capitalista empieza a implosionar y mientras tanto sólo se preocupan de mantener el asiento a una buena temperatura. Los muertos (en vida muchos de ellos) ya huelen por todo el planeta. Hasta yo huelo a muerto. Por eso no, no me hagan sentir culpable.
P.D. Necesito un lugar alejado del mundo, donde no llegue la peste.
Hace tiempo que no tenía esta sesación serena de oír llover de fondo y pensaba en las tormentas fuera de la ciudad, los truenos y los relámpagos alejados de la seguridad urbanita (o citadina). Hay cosas que son imposibles de virtualizar… de hecho una cosa es lo virtual y otra muy diferente lo real. Empezaremos por lo fácil. Second life y vivir, tienen poco en común. Las fotos en internet y en papel… no tienen nada que ver. Aunque… la realidad y la fotografía, son muy diferentes… una pintura o una escultura en un libro… no se parecen en nada al original (y una copia de una escultura, a la escultura original??… esto empieza a complicarse).
Creía que el mundo de lo virtual estaba en plena expansión y me voy dando cuenta de las “cosas virtuales” que ya hemos asumido sin darnos demasiada cuenta. Un CD de música no es un concierto. Nada que ver… No he ido a un buen concierto de música clásica…
Me gusta el rock, toco rock y vengo de un ensayo… He cargado baterías… la vida llueve y me gusta.
Las sepias no tendrían sitio. Propiciaré un encuentro entre camaleón y sepia en mi profunda piscina casera. La tortuga como testigo.
